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*El Último Diente De León*

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*El Último Diente De León*

Por Ángel García

No he podido escucharte, estuve fuera de la ciudad, esperando ese tren que me llevara al lugar más maravilloso en el que nunca había estado antes; lejos de ti.

Me hiciste brillar como nunca, pensando en mí como obligación y no como alternativa.
Sabías lo que me hacía reír y apostamos fuertemente por cada pieza hallada en la caja vacía del puzzle de mi felicidad.
Poco a poco, la construíste.

Ahora es tiempo de partir, no de partir el corazón, sino de irme de tu lado.
Ha sido un placer conocer a tu mejor amigo Insomnio, me cuidó como ninguna persona antes lo había hecho en el imperio de mi amor por ti.

Ayer escribí pecados, hoy escribo tragedias, pero no te preocupes, no me arrepiento de nada.
Agradecerte todas las oportunidades que me has entregado han sido los mejores ‘nunca’ y los peores ‘para siempre’.

Llegar hasta el final ha sido duro, eso mismo dijo el último pétalo de tu diente de león.
Sostener aquel sentimiento frente a tus ojos, brillantes como el amanecer, fueron el mejor recuerdo para el resto de mi vida.
Espero que, donde se encuentre ese último adiós, tenga alas para volar de vuelta a mi corazón y hacerme algún día sentir el hombre más afortunado del mundo.

Te quiero sin llegar a quererte, tal y como lo hice la primera vez que te vi a lo lejos, enamorándome de la primera gota de lluvia que atravesó el arcoíris de tu mirada.

Nunca me he emocionado tanto antes de dormir y soñar en un universo donde lo malo se nuble hasta no dejar rastro de lo irrevocable.

Ser fuerte me quedó demasiado grande, sin esperanza, sin ese empujón que me ayudara a saltar por encima del acantilado de tu ausencia, de la soledad que desataba los cordones de unas botas llenas de ilusión.

ESCÚCHAME, NO, POR FAVOR, ESCÚCHAME.
NO TE VAYAS, DÉJAME EXPLICARTE POR QUÉ NO PUEDES DESAPARECER DE MI MEMORIA.
DÁME UN SEGUNDO Y TE DEVOLVERÉ TODA UNA VIDA.

(En aquel momento cayó una lágrima. Ese segundo fue el peor de todos los que su corazón había latido. El ‘hasta siempre’ que marcó unas sábanas y una almohada que no prometió regresar).

Adiós a mi ángel, adiós a ti compañera, adiós amanecer…

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