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El Miedo

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El Miedo

Antonio García

“Yo no tengo miedo a nada ni a nadie”, dicen algunos, que mienten más que hablan. Porque el miedo es un sentimiento consustancial al ser humano y a los animales, cuya función principal es la conservación de la propia especie. La alarma que nos avisa del peligro. El estado de angustia que se apodera de nosotros cuando advertimos un riesgo para nuestra seguridad, o simplemente el recelo que solemos tener de que nos suceda algo contrario a lo que deseamos. Naturalmente también tiene su escala, que puede ir desde una incierta desconfianza hasta el terror, el pánico paralizante. Porque el miedo nos puede paralizar.

Es curioso que en nuestro rico idioma, un sinónimo de miedo sea “cobardía”. Por eso solemos animar a veces diciendo: <<tranquilo, sé valiente>>. Y desde luego, que nadie se extrañe de sentir miedo alguna vez. A cosas, personas, situaciones, pérdidas… La variedad de motivos puede ser interminable, y cada uno sabe los suyos.

Pero aquí me interesa comentar una clase o motivo especial de miedo, que creo más extendido de lo que muchos estarían dispuestos a reconocer. Sería algo así como el miedo a “ir contra corriente”. A significarse públicamente contrario al camino marcado por el “grupo” o los poderes de turno –aún vestidos de demócratas-, que son los que suelen dictarnos cuál es el “pensamiento correcto”, el pensamiento imperante que, en realidad, suele ser minoritario. Miedo a no pertenecer a la masa, al rebaño. En definitiva, miedo a ser libres. Porque la verdadera libertad, asusta. .

Ya decía Horacio, poeta latino del siglo I antes de Cristo, que quien vive temeroso nunca será libre. Y es cierto, el temor es una cadena que nos aprisiona –a veces sin ser conscientes de ello- y nos impide ser nosotros mismos, en toda nuestra potencialidad humana y riqueza interior.

Cuando se anuncia que un grupo de fanáticos ha agredido a tal o cual persona que en ejercicio de su libertad profesa una u otra creencia o que presenta o desea presentar sus tesis en un foro público, no duden de que en fondo, los que les han enviado tienen miedo. Cuando se persigue y ataca a una institución como por ejemplo la Iglesia Católica, detrás de la violencia verbal y física hay miedo. No miedo a secas, sino terror a que otras ideas y creencias se extiendan y puedan ser exitosas entre la gente, lo que no interesa a los tiranos, a los dictadores del pensamiento único, a los practicantes y propagadores de lo políticamente correcto. A lo ideólogos de pacotilla. Y no se si ustedes se han dado cuenta, pero ese es el mundo que nos están configurando los poderosos. Ellos nos tienen miedo al pueblo, por eso cuentan con expertos que conocen a la perfección las técnicas de manipulación de masas. Son duchos en la mentira, el engaño, la estafa. Expertos en el manejo, la adulteración, la falsificación de los conceptos y del lenguaje. La domesticación. Y como tienen el poder, se bloquean y protegen con leyes que coartan nuestra libertad. Totalitarios vestidos de demócratas. Y saben paralizarnos con el miedo. Porque el miedo vuelve a los hombres dependientes de seductores, de falsos vendedores de humo. Embaucadores. Cautivadores ideológicos, hechiceros del engaño.

El miedo nos paraliza, nos acobarda y posibilita que esos falsos profetas, verdaderos depredadores del ciudadano, jueguen a su antojo con las masas que callan. Si, callan.

Decía Albert Camus que: <<La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de los demócratas>>. Y me permito añadir, sobre la cobardía de los hombres “libres”.

Nos interesa mucho más conservar el estatus dentro del grupo social, que ser verdaderamente libres. Salirse del rebaño es peligroso. No balar al son de los demás borregos entraña serios riesgos.

No es necesario que todos vayamos a una ideológicamente, no. Hay que repartirse el ganado, porque son muchos los pastores, lo que nos da sensación de democracia. Lo importante es depender de alguna manada. Hecho que ya cubre la necesaria sensación de pertenencia que, de paso, nos ofrece una sensación de protección. Estoy con “los míos”. Me siento integrado. Soy de… Sin darnos cuenta de que, en realidad, a todos intentan conducirnos por el mismo sitio, aunque llevemos colgadas etiquetas diferentes.

Cada pastor de manada nos mete miedo sobre los peligros que encierra que el pastor de la otra llegue al poder. Y todos juntos, de acuerdo entre ellos, nos meten miedo a la independencia y libertad de pensamiento. La gente mediocre necesita imperiosamente que todos estemos etiquetados, catalogados, porque el hombre libre despista, confunde y hasta puede representar una amenaza.

Nuestro genial Cervantes dejó escrito: <<Aquel quien pierde sus riquezas, pierde mucho; aquel quien pierde a un amigo pierde más; pero el que pierde el valor lo pierde todo>>. Es triste que a veces, hasta por las ideologías políticas se pierda a los amigos.

Mas yo, amigos lectores, débil y quebradizo como el que más, me permito proponerles no tener miedo, saborear la libertad y acogernos juntos a las palabras de salmista: <<El Señor es mi pastor, nada me falta… Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan… Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término.

Piénsenlo y decídanse.

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