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El inhumano sacrifico de animales de compañía

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El inhumano sacrifico de animales de compañía

Por Antonio García

Ignoro si La Razón / tendrá su santo patrón. / Mas en caso de tenerlo…/ ¡deberá ser San Antón! … Que me imagino yo, no lo sé.

El periódico La Razón entregó en el Congreso, el pasado 17 de Mayo, 15.870 firmas recogidas hasta ese día, para instar a la Cámara a prohibir el sacrificio de animales de compañía. Iniciativa respaldada por parlamentarios de diversas tallas, formatos y colores. Ya en días anteriores observé, en varios diarios de esta firma editorial, la propaganda hecha al respecto a plana completa y a todo color. ¿Y saben que les digo? Que me parece muy bien.

Desde que tengo uso de razón, incluso antes, recuerdo mi amor por los animales domésticos. Me crié junto a una gata negra como el azabache, de ojos verdes, verdes como la albahaca, verdes como el trigo verde y el verde, verde limón. Extinta la felina, criamos en casa una hija de la misma. Recuerdo además los enfados con mis amigos cuando, en la cruel inocencia infantil, apedreaban a un perro callejero. En fin, qué les voy a contar. En mi adultez y vida independiente del hogar paterno, he tenido perros y gatos, y hasta un periquito que se nos escapó. Y he derramado lágrimas a la muerte de cada mascota. Lo digo sin pudor. Y no les cuento mi afición a los programas de bichos de la TV2, porque no viene al caso y queda un poco cursi.

Amo a los animales, porque amo la Naturaleza. La inmensa y maravillosa obra de la Creación. Y porque ellos, nuestras mascotas, son inocentes seres que solo saben amar, acompañar y mostrar una fidelidad incondicional, envidia de los humanos.

La campaña llevaba el sugerente título de <<Sacrificio Cero>> y comenzaba con una pregunta contundente que a todos interpela: <<¿Quién puede matar a un perro?>>, exhortando a los padrastros de la Patria a elaborar una ley de Protección y Bienestar Animal, que termine con el sacrificio de animales de compañía. Además ha sido ocasión propicia para que varios políticos, padres putativos de la ciudadanía muestren su sensibilidad hacia la vida y la dignidad animal. Así unieron sus voluntades la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales (cuya existencia yo ignoraba), personajes del PP, de Unidos Podemos (joderla) y de Ciudadanos. El del PP, nos ha dejado una frase para los anales (que es por donde yo me la paso): <<Estamos ante un cambio de sensibilidad social que hay que impulsar. La solución administrativa de “me quito de en medio lo que me estorba” ya tiene socialmente un rechazo>>. ¡Genial! Y añade: <<En el PP somos muchos los que no podemos identificarnos con el escenario actual de sacrificio de animales, por tanto “la voluntad de cambio es generalizad”>>. Apenas quedará algún pepero sin identificarse con la causa… El de Ciudadanos insta a que <<se fomente la adopción… con campañas de concienciación>>. El de Potemos, para no ser menos, también aporta su grano de arena, insistiendo en que se promueva la adopción, y que haya presupuesto para ello.

Y termino con Chesús Juste, coordinador de la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Animales, que nos ha dejado un párrafo, para mí lo más selecto de la literatura castellana de los últimos cinco siglos: <<La sociedad ya es consciente de que el sacrificio de animales es una barbaridad impropia de este tiempo que vivimos y, por tanto, ha llegado el momento de ir cambiando. Que se haya hecho siempre no quiere decir que sea lo correcto”>>. De manera que ¡bravo! por la iniciativa del periódico La Razón. Y los que se han apuntado a la foto.

Sin embargo, he confesarles que me ha dejado triste, muy triste. Porque no he tenido más remedio que pensar en las madres gestantes y los niños engendrados, condenados a la pena de muerte antes de nacer. Y en cuánto daría para poder cambiar en todas las parrafadas anteriores las palabras “animales de compañía” por la de “bebés en gestación”.

Y porque hubiese una Asociación Parlamentaria en Defensa del Niño en el Útero Materno. Y que se fomente y agilice la adopción, si. Y se destinen generosas partidas presupuestarias al efecto. Y que se fomenten, subvencionen, protejan y publiciten las organizaciones cívicas que amparan y ayudan a las madres embarazadas y a sus niños por nacer o ya nacidos. Y que se de testimonio en todos los noticiarios de valor de los rescatadores que se baten el cobre a las puertas de los abortuorios, salvando vidas valiosas e inocentes, portadoras de la máxima dignidad. O se cierren definitivamente esos centros de exterminio humano.

Y que el presidente de alguna institución pública española pregone a los cuatro vientos que <<la sociedad ya es consciente de que el sacrificio de seres humanos en el seno materno es una barbaridad impropia de este tiempo que vivimos y, por tanto, ha llegado el momento de ir cambiando. Que se haya hecho siempre no quiere decir que sea lo correcto>>. Y que alguien del PP diga públicamente, sin temor a ser “purgado” de su partido que <<Estamos ante un cambio de sensibilidad social que hay que impulsar. La solución administrativa de “me quito de en medio a los bebés que me estorban” ya tiene socialmente un rechazo>>.

Se trata de elegir. ¡Qué triste! Perros y gatos, o seres humanos. Inocentes, tiernos débiles e indefensos seres humanos. Enhorabuena a los animales de compañía, que tienen quien de la cara por ellos desde la prensa y las esferas políticas de España. Si, ya se -y defiendo- que una cosa no quita la otra… o no debería.

Sin embargo me pregunto para cuándo habrá un medio de comunicación que inicie una campaña titulada <<Sacrificio de niños, Cero>> y un slogan que rece, interpelándonos: <<¿Quién puede matar a un niño?>>. Pero no confío en que ninguno se la juegue. Los bebés nonatos no merecen ese riesgo.

¡Qué triste, Dios mío!

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