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De escándalo… si nos quedaran agallas

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De escándalo… si nos quedaran agallas

Antonio García

De escándalo y de vergüenza. Yo reconozco que el ciudadano normal -que somos la inmensa mayoría-, vive preocupado de sus cuitas diarias, de sus inquietudes y necesidades cotidianas o que afectan directamente a su persona, familia, trabajo… A sus planes concretos. A sus proyectos de vida. Por eso, en la mayoría de los casos no se entera de hechos que se producen, que parecen no tener nada que ver con él, el equipo de fútbol de sus entretelas o la subida del recibo de la luz, pero que sin embargo son sumamente indicativos de cómo se está fraguando, poco a poco, el grado de degeneración social y política de nuestras libertades en esta nuestra amada España, lamentablemente no amada por todos los españoles.

Me hago eco de un caso reciente que bien parece salido de la Rusia de Stalin, la China de Mao o la Cuba de los Castros, por poner unos ejemplos.

Hermann Tertsch es un periodista español con una larga carrera tanto en periodismo escrito como en programas de radio y televisión. Hijo de padre austríaco y madre española, su biografía nos ocuparía demasiado espacio y no viene al caso. Quien tenga curiosidad que la busque en Internet.

El hecho es el siguiente: el 17 de Febrero de 2016 publica un artículo en ABC titulado El abuelo de Pablo. He aquí un párrafo de su artículo: <<El abuelo de Pablo Iglesias (Manuel Iglesias) fue condenado a muerte por participar en sacas, es decir, en la caza de civiles inocentes desarmados en la retaguardia de Madrid. En concreto, por ser quien identificó y sacó de su casa para asesinarlos al marqués de San Fernando, Joaquín Dorado y Rodríguez de Campomanes, y a su cuñado, Pedro Ceballos. Eso fue el 7 de Noviembre de 1936 en la calle del Prado, número 20. Acudió allí acompañado de… El abuelo dirigía esta ilustre compañía porque era él quien conocía a su paisano de Villafranca de los Barros, el desdichado marqués. Éste y su cuñado fueron conducidos a la checa en la calle Serrano, 43. Al día siguiente aparecieron ambos asesinados en la Pradera de San Isidro. Detenido tras la guerra, Manuel Iglesias fue condenado a muerte. Sorprende que, conmutada la pena por 30 años de prisión, Iglesias saliera en libertad tras cumplir solo cinco y obtuviera además de inmediato un empleo en el Ministerio de Trabajo de José Antonio Girón de Velasco, un absoluto privilegio en la posguerra. No puso Manuel, como podría pensarse, una vela a sus benefactores Franco y Girón. Mantuvo viva la llama del odio en la familia. Al menos uno de sus seis hijos fue miembro de la banda terrorista FRAP. Era el padre de Pablo>>. O sea, Javier Iglesias, miembro del Frente Revolucionario Antifascista Patriótico, excrecencia criminal del PCE fundada en 1973 por su rama marxista leninista, cuya dedicación fue asesinar a policías y guardias civiles.

¿Tuvo suerte Manuel Iglesias? Pudo desarrollar una carrera profesional que le permitió dar estudios universitarios a los seis hijos que tuvo. Nada mal para un “represaliado” del franquismo, ¿verdad? Un periodista se pregunta: ¿Quizás fue un premio de la dictadura por chivato?

Pues bien, el papá del coletas, ofendido por estas referencias a su progenitor, demanda a Hermann Tertsch. Y el pasado 27 de Julio, un juzgado de Zamora condena al periodista a indemnizar con 12.000 euros al padre de Pablito, por intromisión en el honor de la familia del podemita. ¡Ah!, y que ABC borre de todas partes el citado artículo. Naturalmente que Tertsch recurrirá la sentencia, pero el disparate ya está servido.

Y ahora yo me pregunto: ¿qué nefasto y desventurado camino llevan la política y las leyes en nuestro país? ¿Qué maquiavélico derribo se está produciendo sobre nuestras libertades? Como el mismo Hermann Tertsch dice: <<La frágil arquitectura de la reconciliación habría de saltar por los aires alevosamente dinamitada por el revanchismo liderado por José Luis Rodríguez Zapatero… Millones de españoles están en proceso de dejarse seducir por una ideología potencialmente tan criminal como la profesada en su día por el abuelo de Iglesias o mi padre, la comunista o la nacionalsocialista>>. ¿Exagera? Yo creo que no.

Vivimos en un país donde salen gratuitos cantidad de ataques y ofensas: el endiosamiento y propagación de la perversa y diabólica ideología de género, la promiscua permisividad del aborto. Atacar, destrozar y profanar iglesias. Mofarse de la Virgen en las fiestas Drag Queen. Recitar Padrenuestros blasfemos en espectáculos públicos. Proferir a viva voz amenazas como <<Arderéis como en el 36>>. Agredir con bragas manchadas de mercromina a un viejo cardenal a las puertas de una iglesia. Acosar e incluso agredir físicamente al disidente de lo “políticamente correcto”, etc., etc. O lo último de lo último: permitir, en la localidad Navarra de Etxarri Aranat, la celebración del “Tiro al facha”. Un acto organizado por un grupo juvenil de la localidad enmarcado en el llamado Día del inútil. Durante el evento se cuelgan fotos de instituciones como la Policía Nacional, la Guardia Civil, la monarquía o la iglesia, así como de partidos políticos, y se les tiran piedras. Pero el juez de la Audiencia Nacional, ante la petición de Dignidad y Justicia de prohibir dicho acto, que se celebró el viernes día 4 del corriente, ha permitido la celebración del mismo porque no ve falta alguna en ello. Cree que es una “mera expresión de opiniones” arriesgadas que inquietan o chocan a diversos sectores de la población. ¡Olé sus toga justiciera!

Y sin embargo, Hermann Tertsch ha sido condenado por escribir sobre un cachito de la historia de España, que ya había sido relatado por otros con anterioridad, y que cuenta con testimonios y pruebas fehacientes en los archivos de nuestra desdichada Guerra Civil. De escándalo. Pensamiento único. Totalitarismo galopante.

Por eso y por otras muchas cosas les digo, queridos lectores, que o salimos pronto del letargo, de la modorra que nos está aturdiendo, o a base de represión y multazos, de esta gran España que pudimos ser, pronto no quedará ni la sombra.

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