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Colaborando con la Memoria Histórica: Las checas

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Colaborando con la Memoria Histórica: Las checas

Antonio García

Como ya saben mis queridos lectores, estoy encantado de colaborar con el Gobierno en ese fantástico proyecto llamado Memoria Histórica, ya en marcha, que el pueblo español reclama en calles, bares, supermercados y allá donde se junten dos o más nativos, amén de colegios, institutos y universidades, preocupadísimos todos por conocer la realidad de nuestro siniestro y truculento pasado: las cosas de la guerra civil. Y como dicho proyecto contiene numerosas y vergonzantes lagunas, carentes de intencionalidad por parte de sus autores –un olvido lo tiene cualquiera-, mi intención hoy es rellenar una de ellas. Colaboración que presto de la manera más altruista que se pueda imaginar.

Una de esas lagunas en el inventario de “recuerdos históricos” de la izquierda española, promovido por Zapatero, es el tema de “las checas”, que fueron unos lugares carentes de sauna, masajistas titulados y neveras con cerveza fresca.

Tras producirse el levantamiento militar del 18 de Julio de 1936, partidos de izquierdas y sindicatos obreros integrantes del Frente Popular, acompañados por la Federación Anarquista Ibérica (FAI), pusieron en marcha, en edificios incautados, una especie de mazmorras con sofisticadas técnicas macabras, en las que se realizaban detenciones, atroces torturas e ignominiosos asesinatos de todo aquel español que fuese, o estuviese considerado contrario a la República. Instalaciones que solo funcionaron, claro está, en la zona republicana. Estas instalaciones fueron llamadas “checas”, designación copiada de los centros de exterminio de la admirada Rusia soviética en las que la KGB cometía toda clase de atrocidades con los considerados <<un peligro para el régimen>>. Es decir, todos aquellos vistos por el bendito de Pepe Stalin un obstáculo para sus proyectos dictatoriales. Dicho esto añado que no es de recibo que un historiador medio serio se olvide de la participación decisiva que tuvo la Unión Soviética y sus representantes en España en el curso de la contienda bélica. Como la presencia de la NKVD o Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, departamento gubernamental manejado desde el Ministerio del Interior soviético.

Checas hubo en muchos lugares, pero se concentraron sobre todo en Madrid, Barcelona y Valencia. Mazmorras dirigidas por sicópatas y matarifes, crueles e insaciables torturadores por cuyas manos pasaron miles de personas, la mayoría asesinadas después de haber sido interrogadas. Establecidas al margen de la legalidad, pero como mínimo toleradas por el Gobierno republicano salido de unas elecciones –Febrero del 36-, cuyas actas jamás se publicaron. De hecho, uno de los mayores responsables de aquellos centros de terror fue el ministro de la Gobernación, Ángel Galarza.

Un escritor del Frente Popular, Sinesio Baudilio García Fernández, conocido bajo el seudónimo de Diego Abad de Santillán, anarquista, escritor y editor español, figura prominente del movimiento anarcosindicalista en España y Argentina, en su libro “Por qué perdimos la guerra” dejó escrito: <<Las torturas, los asesinatos irresponsables, las cárceles clandestinas, la ferocidad con las víctimas, inocentes o culpables, estaban a la orden del día… Lo ocurrido en las checas comunistas de la España republicana cuesta trabajo creerlo. En el Hotel Colón, el Casal de Carlos Marx, en la Puerta del Angel 24, en el Castillo de Castelldefels se perpetraban crímenes que no tienen antecedentes en la Historia de la Inquisición… De este modo se ha deshonrado la revolución española empleando los procedimientos ilegales desde la Dirección de Seguridad hasta el Servicio de Investigación Militar>>.

Describir los métodos de tortura practicados en la checas para minar la resistencia de los presos o enloquecerles –para después asesinarlos-, superaría el espacio de este artículo. Si bien, para los curiosos nombraré algunas de las designaciones que les daban a las distintas formas de martirio, por si quieren documentarse o consultarlo en Internet, donde seguro que lo encontrarán: El tribunal de la silla eléctrica, las técnicas sicológicas o alucinógenas, el pozo, la carbonera, la ducha, la campana, la nevera…

Alguna vez conté que he sido educado por un padre que combatió en el bando republicano al que se fue voluntario tras estallido de la Guerra Civil. Tres años de guerra y cuatro de campos de concentración y prisión. Condenado a muerte y salvado milagrosamente. Pero que jamás, jamás nos inculcó ideología alguna y mucho menos odio hacia nadie. A todos los hermanos nos permitió estudiar y nos dejó pensar, sin darnos nunca una consigna política. No viviré lo suficiente para admirarle y agradecerle como él se mereció. Me interesa más la verdad que el partidismo. En los dos bandos se cometieron atrocidades, pero lo que no soporto es que la coalición de izquierdas denominada Frente Popular durante la Guerra Civil sea presentada por sus defensores como el paradigma de la libertad y el respeto a los derechos humanos. Esto dista mucho de ser así. El bando frentepopulista se lanzó en manos soviéticas desde casi el principio de la guerra y no dudaron en importar sus métodos de tortura a España, aplicados en las checas o cárceles que los diferentes partidos políticos organizaron en numerosos municipios.

El día que las izquierdas españolas empiecen a reconocer la historia honrada e imparcialmente, pidan perdón por sus crímenes –como exigen a los demás-, que fueron muchos y se dejen de embustes y propaganda manipuladora y ocultamientos antológicos, me sentiré inclinado a escribir sobre los pecados del otro bando. Pero de momento, no me da la gana.

De las derechas no digo nada, porque no he visto gente tan ignorante como los otros y más en Babia.

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