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¡Ay, Carmena, Carmena…!

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¡Ay, Carmena, Carmena…!

Antonio García

Es admirable el número de dotes que atesoran algunas personas, que lo mismo sirven pa un roto que pa un descosío. Se las llama multifacéticas y guardan esa inaudita facilidad de sorprendernos cuando menos lo esperamos. Es el caso de la ejemplar y castiza regidora de Madrid, Manola Carmena. Jueza, alcaldesa y ahora, genetista.

Como ustedes saben, la genética es la parte de la biología que trata de la herencia y lo relacionado con ella. No la herencia de fincas y bienes inmuebles, sino la otra, la de los genes, que son unas cositas muy pequeñas escondidas en el ácido desoxirribonucleico, ADN para los amigos, y que portan un código que nos va a definir de por vida.

Pues eso, que la “señá” Manola nos ha descubierto recientemente su especialidad oculta, en un taller de “empoderamiento” feminista al que ha asistido como ponente magistral en la capital española. O sea, un curso de esos donde van las señoras y señoritas a hacerse poderosas y fuertes, y aprender a derrocar al hombre y su masculinidad de todos los ámbitos habidos y por haber en el globo terráqueo. Que ya iba siendo hora.

Y he aquí su gran descubrimiento: <<la violencia está incardinada en el ADN de la masculinidad, con un gen de la violencia que ha dominado el mundo>>. Lo que muy posiblemente le valga ser propuesta –lo contrario sería injusto- para Premio Nobel de Medicina. A otros se los han dado por menos. ¡La Manola ha descubierto el gen de la violencia masculina! Lo que la pone a la altura de Santiago Ramón y Cajal y Severo Ochoa de Albornoz, los otros dos científicos patrios que lo obtuvieron en el pasado siglo. Para que luego digan los de la leyenda negra. ¿Hay cerebros en España o no hay cerebros? ¿Ein? Pero no se vayan a creer ustedes que ya está. No. La Carmena sabía que, si no se encuentran aplicaciones prácticas a este gran descubrimiento, pues es como el que tienen un tío en Graná. Y siguiendo con su intensa labor científica, asegura: <<lo esencial para resolver la violencia de la sociedad es “darse cuenta” de que está fundamentalmente incardinada en lo que es el ADN de la masculinidad>>. O sea, que una vez descubierto el origen y causa, es necesario “que nos demos cuenta”. Vamos a ver, de un crimen se acusa a la persona concreta que lo ha cometido y solo a ella. Pero con eso no se resuelve el problema. La cosa está –y he aquí la tremenda aportación de la Manola- en que es el “hombre” en general, como especie, el que lleva ese gen, o sea, que lo llevamos tós, y los que no tosemos, también. ¿Observan ustedes la gravedad del asunto? ¿Y ahora qué? ¿Se han calculado las consecuencias que este descubrimiento puede tener, cuando todas las hispanas descubran que sus parejas, amigos, novios, maridos, amantes, hijos, primos, sobrinos, vecinos del barrio, etc., son portadores del “gen violento”? ¿Son conscientes del impacto social que esta noticia puede tener? ¿Se percatan del trauma que puede causar a las mujeres el saber que han llevado en su vientre a la violencia encarnada? Yo se lo cuento a ustedes por la confianza que ya nos tenemos, pero les pediría que, de momento, no le den alas a esta noticia. Por lo menos hasta que se encuentre la solución. Porque esa es otra: ¿cómo lo solucionamos, Manola?

Hombre, ella apunta una solución, cuando dice que <<ha llegado el momento de que tengamos alternativas>>, y añade que <<el mundo necesita la cultura de la mujer>>. ¿…? Reconozco que esta parte me ha despistado, porque es que no entiendo ni un pijo de lo que quiere decir con eso, pero no suena mal, la verdad. Vale, la cultura de la mujer, que ya nos explicará qué es, pero… ¡el gen sigue ahí! ¿Qué hacemos con él?

Pero volvamos a la cosa científica. Que yo sepa –y la Manola también- el ADN está organizado en “cromosomas”, teniendo cada ser humano, jambo o jamba 46 en cada célula. Y sabemos también –yo y la Manola- que tras la coyunda, al fertilizar el bichito masculino el óvulo femenino, de los 46 cromosomas el hombre aporta 23 y la mujer otros 23 que se enredan unos con otros y forman un nuevo código genético, es decir, el maravilloso milagro de una nueva vida. Solo hay dos pares que determinan el sexo –y no el género, como estoy hasta los cojones de leer-. Digo esto, porque la cosa de saber de qué progenitor viene el gen de la violencia tiene que ser muy chunga. Y de ahí mi admiración por la señá Carmena. Pero es que además, insisto, ¿cómo solucionarlo? Porque desde Adán y Eva hasta hoy, todo humano viviente y toda humana vivienta han sido procreados por un macho y una hembra de la especie. O por lo menos, por un espermatozoide y un óvulo humanos. Y personalmente, no conozco otro sistema. O sea, que todos llevamos impresos rastros o marcas maternas y paternas, les guste o no a las nazi-feministas.

Pero la ínclita alcaldesa tiene la solución: <<El mundo necesita la cultura de las mujeres>>. Cultura contra ADN. Porque seguramente, con un buen plan feminista-cultural, al cabo de un tiempo el gen violento se desecará, o sea, se quedará tan chuchurrío que no servirá para nada y terminará despareciendo, momento a partir del cual todos los varones serán tan manso-pacíficos o más que las hembras. Y entonces será la mujer la que tenga la exclusiva de la violencia. Que hasta ahora, angelicos míos, nunca la habían practicado. Pero eso ya es otra cosa.

Señora Manuela Carmena, métase su ciencia por semejante sitio, tómele el pelo a su tatarabuelo y váyase con Zapatero a contar nubes, que tampoco está mal pagao y, por lo menos así, deja ya de dar por saco.

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