Periódico con noticias de última hora, multimedia, álbumes, ocio, sociedad, servicios, opinión, actualidad local, economía, política, deportes…

Aclarando las cosas

Article   0 Comments
Line Spacing+- AFont Size+- Print This Article
Aclarando las cosas

Después de los tres artículos anteriores sobre Mahoma y el Islam, no tenía pensado continuar con el tema. Pero he recapacitado y me he dado cuenta de que, seguramente, son precisas una reflexión y una explicación.

Lo último que he pretendido dar a entender es que todos los musulmanes son malos, violentos y yihadistas. Desde luego que no. Salgo con esto al paso de algún amigo que me ha comentado: <<yo tengo en mi pueblo unos vecinos musulmanes y son buena gente>>. Excelente, nada que objetar. Esos vecinos, y muchos más repartidos por todo el mundo. Es decir, y que quede claro: yo no estoy contra los musulmanes como personas, sino contra esa nefasta ideología violenta y peligrosa que, si nadie lo remedia, pondrá a Europa en serios apuros (ya lo está haciendo). De lo que se trata pues, es de que entendamos las raíces y fundamentos de una pseudo religión (así lo veo yo), de una cultura, unas creencias, un modo de ver la vida y de relacionarse con otras culturas y religiones, que nació y se implantó hace casi 1400 años, y que siempre, siempre, ha estado en conflicto con el mundo occidental, y más concretamente, con la cultura y religión cristianas. Cosa que, cualquier aficionado a la Historia conoce sobradamente. Esto por una parte. Y por otra, el actual fenómeno de la inmigración, que mayoritariamente, no lo pongo en duda, está motivada por la miserable vida que los inmigrantes llevan en sus países de origen y por las sangrientas persecuciones, particularmente a cristianos, que se están dando en dichos países, hasta tal punto de estar provocando un verdadero genocidio del que Occidente parece no querer saber nada: Irak, Siria, Egipto, Nigeria, Afganistán, Arabia Saudita, Irán, Yemen, Sudán, Etiopía, y hasta nuestro amigo y vecino, Marruecos. Pero volvamos al tema de la inmigración, respecto al cual se está produciendo en toda Europa un verdadero conflicto, aliñado, creo yo, por un malentendido “humanitarismo”. Lo he dicho en alguna ocasión y lo tengo que repetir: el Islam es radicalmente incompatible con el mundo occidental. Como el agua y el aceite. De ahí la falacia y la inutilidad del llamado “multiculturalismo” y la Alianza de Civilizaciones, que solo son imposturas ideológicas de diseño, creadas para destruir la civilización europea. “Lo que no pué ser, no pué ser, y además es imposible”, por la propia esencia de los fundamentos de cada uno de esos dos mundos.

Es evidente que hay que socorrer, ayudar, acoger. Pero también es evidente que con la cultura islámica tenemos un grave problema. Es indudable y evidente que no todos los musulmanes son yihadistas, pero el Corán, el libro sagrado musulmán, contiene doscientos cincuenta y cinco versículos que alientan u ordenan directamente la violencia contra los “no creyentes”. Es la única “religión” con ese contenido. Dice el profesor Raad Salam que los musulmanes nunca tienen sentimientos de culpa tras las matanzas de infieles, porque el Corán les consuela y convence de que no hay nada malo en ello. “No erais vosotros quienes les mataban, era Allah Quien les mataba. Cuando tirabas, no eras tú quien tiraba, era Allah Quien tiraba, para hacer experimentar a los creyentes un favor venido de Él. Allah todo lo oye, todo lo sabe”. (Sura 8:17) Y prosigue el experto en islamismo (de origen iraquí): <<Esto significa que los musulmanes no tendrán ninguna culpa al matar a un infiel porque es el deseo de Allah y Allah solamente está utilizando sus manos para matarles. Los Yihadistas se consideran en el Islam mártires, la gente más veraz y piadosa. Todos serán recibidos en el paraíso por los ángeles con saludos de paz y amor>>.

Esto no es nuevo. Lleva siendo así desde el siglo VII y la Historia lo cuenta. Pero demos un salto hasta nuestros días. Porque amigos, lo que está pasando en ciertos países islámicos estos últimos años yo lo comparo con un volcán que, rugiendo hasta hace no mucho dentro de su tierra, por fin ha entrado en erupción, esparciendo su lava destructiva por doquier, más allá de sus fronteras. Es como si “alguien” (¿quién será?) hubiese removido un avispero, haciendo estallar un conflicto absurdo en el Medio Oriente (todos lo son) y provocando la emigración masiva de millones de personas huyendo de él. ¿Y estos flujos migratorios van a países vecinos de la misma religión y

cultura? No. Vienen a Europa. ¿Por qué? Si el diálogo con el Islam es imposible, si los inmigrantes musulmanes jamás se integrarán de lleno en nuestra cultura (aunque se sirven de ella), ¿por qué ese empeño de nuestros políticos en hacernos comulgar con ruedas de molino, sobre todo las izquierdas en nuestro país? ¿Por qué se está permitiendo esa amenaza real a nuestra civilización? ¿Por qué les estamos dando tanta cancha y consintiendo tantos privilegios, favoreciendo sus costumbres, tradiciones y pretensiones en muchas ciudades españolas incluso por encima de nuestras raíces y celebraciones? ¿Por qué están disfrutando de prebendas que muchos de nuestros propios compatriotas necesitados no tienen?

Me cuesta creer que haya tanta ignorancia en nuestra clase política, como, a modo de ejemplo, son el caso del Kichi gaditano o la Carmena madrileña. Pero no crean, muy pocos políticos en España se salvan de esta contaminación. ¿Qué mandato, doctrina, ideología o perturbación les está haciendo mantener las puertas abiertas de par en par al Islam? Y digo “mantener”, porque fue Zapatero quien las abrió.

Piénsenlo, amigos. Aquí hay gato encerrado. Aquí hay mucho más que la noble y humanitaria acogida al inmigrante. Yo tengo mi teoría, pero no queda espacio.

Naturalmente, después de escribir esto tendré que asumir el epíteto de “islamófobo” que algunos o muchos me adjudicarán, según las últimas tendencias del “sistema” y de lo políticamente correcto. Pero me da igual. Porque es absolutamente mentira que lo sea. Además de tener la información de varios expertos en el tema.

Tales difamadores no sabrán nunca lo libre que me siento, al poder decir honradamente y sin miedo lo que pienso.

Article   0 Comments
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner
Banner

Hemeroteca